COLÓN, DALÍ Y PÚBOL. EL SILENCIO DE UNA CORONA

En Febrero de 1997 di a conocer la investigación que ocupó diez años de mi vida. Lo divulgué gracias a la colaboración  de pequeños diarios locales. Quede de antemano constancia de mi agradecimiento a los miembros del Centre d’Estudis Colombins de Barcelona. Con ellos conferencié, publiqué en su revista, fui de excursión y compartí mesa y tertulias. Gracias a su constante esfuerzo y trabajo, desde 1992, existe un libro en el mercado que nos ayuda a comprender el pensamiento de “Colón i el món català”. Todos ellos me conocen y saben de mi honestidad porque, el 10 de Noviembre de 1994, tuve el gusto de explicar en público mis datos, en la XXIIIa Tertulia del Centro.

Obviaré todos los textos que, desde Lluís Ulloa (1927), constatan documentalmente que la patria genovesa de Colón es una mentira más de la historia. Por suerte, La Editorial Base acaba de lanzar al mercado una estupenda reedición faccísimil del libro de Ulloa: “Cristóbal Colom fou català”. Quienes quieran saber más pueden leer los libros del Sr. Català i Roca, Joaquim Arenes o Caius Perallada, por citar algunos de los estudiosos que desde hace años reclaman que Cristóbal Colón sea reconocido como marino insigne catalán.

Para comprender el “misterio” de Colón, debemos rememorar a los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

Isabel fue hija de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Fernando fue hijo de Juan II de Aragón y su segunda esposa, Juana Enríquez. A los seis años de edad de la futura reina Isabel, se propone el matrimonio de los dos infantes . Se conoce, la existencia de un hermanastro de Isabel, Enrique, de sobrenombre: “El Impotente”, que aún así, se casa dos veces; una con Blanca –hija del rey Juan de  Aragón, matrimonio que se anula en 1446, y vuelve a casarse con Juana – hermana del rey Alfonso V de Portugal.

También sabemos que la segunda esposa de Juan II – Juana Enríquez- era hija del Almirante de Castilla - Fadrique Enríquez.

Sin embargo, el primogénito del rey de Aragón – Juan II- era el Príncipe Carlos de Viana, que, de todos es sabido, motivó las iras de su madrastra – Juana Enríquez- que, pretendía la Corona Aragonesa para su hijo Fernando de Antequera. Ella misma se encarga de preparar la boda de Fernando e Isabel en 1457 – él tenía seis años y ella siete-. La reina Juana, en su implacable deseo de ser madre del Rey de Aragón, pide a Juan II que encarcele y desherede al Príncipe Carlos de Viana. Puede ser que en la cárcel lo envenerara, porque fallece en 1461.

La Corona de Aragón ve con espanto como muere su rey y les obligan a aceptar como soberano a Fernando de la casa Trastámara.

La situación política estalla en la guerra civil catalana de 1462, que divide en dos bandos el Principado de Cataluña. Los que apoyan a Juan II y los que proponen a Enrique IV de Castilla como “Señor del Principado de Cataluña” con el nombre de Enrique I.

La Sentencia de Baiona quiere ser una pacificación entre los dos bandos.

Mientras, en Barcelona aparece un emisario del condestable Pedro de Portugal, nieto de Jaime II d’Urgell –impugnador de Fernando de Trastámara o Antequera a raíz del Compromiso de Caspe (1412). En diversos sectores catalanes, nace el optimismo cuando Enrique IV de Castilla sugiere al rey Pedro de Portugal que se case con su hermana, Isabel la Católica.

En 1465, Juan II derrota a Pedro de Portugal en la batalla del Calaf. Aragón, Valencia, Mallorca y Sicilia, se decantan por los Trastámaras.

Pedro IV muere en 1466 y su cadáver es llevado a Barcelona con todos los honores de rey.

Cataluña vuelve a quedarse sin rey. Proponen a Reiner D’Anjou, conocido con el sobrenombre de: “el bon rei René”,como legítimo aspirante a la Corona Catalana-Aragonesa. Sabemos que Colón navega a su servicio por el fragmento de la carta enviada a los Reyes Católicos escrita en 1495, donde puede leerse:

“ A mí acaeçió que el Rey Reynel, que Dios tiene, me enbió a Túnez para prender la galera Fernandina …”

Luego, no elucubro al afirmar que era contrario a Fernando de Antequera.

Pero en Cataluña, la crudeza continua con el enfrentamiento de dos reyes elegidos: Enrique IV de Castilla y René I D’Anjou de Nápoles.

La Reina Juana Enríquez sigue conspirando para que su hijo reciba la Corona de Aragón y, por fin, en 1469, se consuma el matrimonio de Fernando con Isabel.

Las coronas de Castilla y Aragón están unidas, pero el malestar en Cataluña sigue siendo grande. Una fracción, considera a Fernando como un usurpador al trono. En 1480 muere René d’Anjou.

Mientras la historia ha sido bastante fiel en constatarnos estos datos, hay un olvido que merece ser recuperado. Es en base a la figura de “otro Rey” que podía en una sola persona disputar la Corona de Castilla y la de Aragón. Me refiero a Luís de la Cerda, V Duque de Medinaceli y Conde D’Empuries. Descendiente directo de los Infantes de la Cerda, hijos del primogénito de Alfonso X el Sabio y Violante de Aragón, cuyo trono fue usurpado por el rey Sancho IV – segundo en la descendencia.

El Duque de Medinaceli es, en la historia Colombina, una figura de capital importancia. Acoge al Gran Almirante en los dos años anteriores a que Colón fuera a la Corte. Está interesado en la empresa y queda constancia en la carta que Luís de la Cerda envía el 19 de Marzo de 1493 al Cardenal Mendoza – Tercer Rey y Gran Maestre de la Orden de Santiago-. Dice así:

 

“ Referentísimo Señor. No sé si sabe Vuestra Señoría cómo yo tove en mi casa mucho tiempo a Cristóbal Colomo, que venía de Portugal y quería ir al Rey de Francia para que emprendiese de ir a buscar las Indias con su favor y ayuda; e yo lo quisiera provar  y enviar desde el Puerto, que tenía buen aparejo con tres o cuatro carabelas, que no me demandaba más; pero como vi que hera esta empresa para la Reina, Nuestra Señora, escrivilo a su Alteza desde Rota, y respondiome que gelo enbiase. Y yo gelo embié entonçes y supliqué a Su Alteza, pues yo no lo quise tentar y lo adreçava para su serviçio, que me mandase hacer merecer y parte en ello, y que el cargo y descargo d’este negoçio fuese en el Puerto. Su Alteza lo reçibió y lo dio en cargo a Alonso de Quintanilla; el cual me escrivió de su parte que tenía este negoçio por muy çiertp, pqeo que, si se acertase, que Su Alteza me haría merced y daría parte en ello; y después de averle bien examinado, acordó de enbiarle a buscar las Indias. Puede aver ocho meses que partió y agora él es venido de buelta a Lisboa y ha hallado todo lo que buscava y muy complidamente, lo cual luego yo supe; y por fazer saber tan buena neuva a Su Alteza, gelo escrivo con Xuares y le enbío a suplicar me haga merced que yo pueda enviar allá algunas carabelas mías…”

 

Bueno, gracias a esta carta supe que Colón fue a pedir ayuda a Portugal y pensaba acudir al Rey de Francia. Cualquier catalán, contrario a los Antequera, hubiera actuado igual. No era partidario de Fernando. Pero, ¿por qué acude un “lanero” al Duque de Medinaceli y Conde d’Empuries? No sólo, Luís de la Cerda, le abre las puertas, sino que lo mantiene dos años en su casa y tiene dinero para costear la expedición, también es Conde del Puerto de Satamaría en Cádiz. Luego, ¿por qué teme?

La razón nos la muestra la historia. El Duque de Medinaceli era, por derecho, aspirante a las dos Coronas –castellano y aragonesa-. Se casó con ANA DE ARAGÓN, fallecida en 1477; hija del Príncipe Carlos de Viana y de María de Armendáriz, y sus descendientes, tenían pleno derecho a la corona Castellano-Aragonesa. A Luís de la Cerda se le acaba acusando de ser judeizante y es juzgado. Salva la vida, posiblemente porque Isabel y Fernando estuvieran  sin fondos para costear otra guerra. Pero la amenaza surte efecto, el Duque de Medinaceli acata las circunstancias.

Gracias al infante de la Cerda, sabemos también que el Cardenal Mendoza, considerado el tercer Rey de España por la importancia de sus gestiones en un país que se declaró defensor de la fe católica. Curiosamente, era tío de Luís de la Cerda, y fue el encargado de juzgarlo. Pero el Cardenal Mendoza era además Gran Maestre de la Orden de Santiago.

Reconozco que he leído y estudiado todo lo que he podido sobre la historia colombina, pero no he encontrado estudios que hablaran de la participación de esta orden en la conquista de América. Algo tendría que ver, pienso, si Luís de la Cerda pide a su tío que le dé permiso para participar en el proyecto. La evidencia no puede pasarnos desapercibida.

Por suerte, y también gracias a la inestimable labor del Sr. Marquès i Casanovas, archivero de la Seu gironina, sabemos que Pedro Margarit, brazo derecho del Almirante, era nacido en Castell d’Empordà – Girona- y caballero de la Orden de Santiago. Así la historia parece que se va perfilando en el Condado d’Empories y, por tanto, en la figura de Luís de la Cerda como Conde y señor natural de algunos hombres que participaron en el descubrimiento de América.

Varios historiadores han querido ver a Colón como un hombre de fe judía. Sus estudios se fundamentan en la íntima relación que mantiene el Almirante con dos hombres: Gabriel Sánchez y Luís Santángel. También ven trazas del judaísmo de Colón en la coincidencia de la fecha de partida con la expulsión de los judíos en España.

Yo también veo la relación, pero no a un Colón judío.

Gabriel Sánchez era el tesorero general de Aragón y Luís Santángel –ex Azarías Ginillo- habitó en Valencia, donde durante mucho tiempo, prestó dinero a los Reyes Católicos. Algunos de sus parientes fueron juzgados por la Inquisición. Un hijo suyo,  Martín Santángel tuvo que huir a Francia por ser acusado de judeizante. Los datos me indican que tanto Sánchez como Santángel gestionaban dinero de los judíos de España.

¿Pudieron financiar la empresa de Colón? Por desgracia, la historia siempre se escribe bajo un poder y no hay constancia documental que pueda demostrar que al pueblo de Israel le interesó su empresa convencidos de que, en las nuevas tierras, podrían estar algunas de sus tribus perdidas. De estas ideas da fe Daniel Mesa en su libro: “Los judíos en América”, por lo que, no me extiendo en comentarlas y sólo quiero aclarar que los Reyes Católicos pudieron temer que la empresa de Colón, financiada con parte del tesoro de Aragón y capital judío, se  consumase y prefirieron asegurar su Trono expulsando a los hebreos y declarando, posteriormente, a Colón como extranjero.

Con todos los datos en la mano, me pregunto, por qué no se ha reclamado ya la Patria de Colón y los libros de texto dejan de mentir a los niños diciendo que fue un inculto genovés. Los defensores de la tesis genovista se fundamentan en afirmar que Colón era un mentiroso. Más mentiras.

No, Colón no mintió, sólo vivió en un contexto histórico de conflictos políticos-ideológicos que le obligó a callar para preservar la vida.

Hoy tengo el gusto, después de casi diez años de silencio, de volver a hablar de la Cuna de Colón y presentar la prueba que, ojalá, nos ayudé a, de una vez por todas, estudiar la historia sin falsear.

Vuelvo a presentar el mapa de William Blaeau, datado en Amsterdan en 1625 y en el que puede leerse con claridad del topónimo S. Colón en lugar de Púbol. ¿El mapa está equivocado? ¿Es un error? No, por favor, otra vez no. Es una constancia. No pregunto por qué o quién lo escribió allí, puedo ser cualquier buen cartógrafo como, por ejemplo, Bartolomé Colón. El hecho es que está. Y que a mí me ha interesado estudiarlo con toda la objetividad y el rigor que el dato merece.

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Púbol fue de los Corbera. Apellido que, para los estudiosos de Colón, no puede ser desconocido porque  sabemos que Ramon Lluís de Corbera, obispo de Montpellier, está en Lisboa en 1493, cuando Colón regresa de su primer viaje y es autor del epigrama escrito de Colón a los Reyes Católicos. Recogen el dato, Mitjana i Doglas y Caius Parellada. Púbol también perteneció a dos familias más: los Caramany y los Campllonch.

¿Pudo ser Colón hijo natural de Púbol?¿Por eso estaba en Lisboa Ramón Lluís de Corbera?  La única constancia, que puedo referir con la seguridad de no caer en el engaño, de su origen es su heráldica que, como puede apreciarse, es exactamente la que los heraldistas reconocerían como de un miembro Caramany-Campllonch. En los libros de texto se recoge que los Reyes le otorgan: “el castillo, por Castilla; el león por León, las tierras, por las islas descubiertas; las anclas, por Almirante y abajo el que vos teniáis”

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Campllonch                        Caramany                   Escudo que los Reyes

 

Los datos son claros. Las evidencias también. Colón era de Púbol y Dalí lo sabía. Puede parecer otro misterio pero nada más lejos de la realidad.

El genio de la pintura, dejó constancia en sus cuadros de ser sabedor de la Patria de Colón. No fue genovés, tal y como consta en el Mayorazgo – nací en Genoa, dice el almirante-, nació en Gerona. El cuadro “Descubrimiento de América”, pintado en 1957, da buena fe del hecho. Dalí pinta, en una esquina inferior, a San Narcís y la Iglesia de San Félix, dónde, según se cuenta está enterrado. Tampoco fue un misterio para su biógrafo, Ian Gibson, que se hace eco la idea daliniana de un Colón “geronés”, y así lo constata en su libro: “La vida desaforada de Salvador Dalí”. Pero Dalí no sólo supo que era de Girona, también supo que nació en Púbol y era un Caramany, lo demuestra en el cuadro: “Camí de Púbol” que aún hoy puede observarse en la casa Fundación Gala-Dalí. El pintor recrea el estandarte del cuadro del Descubrimiento flotando sobre Púbol.

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Camí de Púbol                                                                      Descubrimiento de América

 

Que nadie piense más allá ni nazcan ideas especulativas que puedan sugerir que Dalí tuvo inspiración sobrenatural. Yo no lo creo. Pero hay una casa, que aún hoy, puede tener constancia y saber la verdad de Colón. Son los Duques de Medinaceli que mantuvieron relación con Dalí y queda, como prueba de su amistad, las cerámicas del lavabo en el castillo de Púbol, procedentes de la Cartuja de Sevilla, que Dalí recibió de, Ignacio de Medina, Duque de Medinaceli, conocido por Dalí como: “su señor natural, el Conde d’Empuries”.

Puede que la historia no entrañe misterios, sólo maniobras de poder que se fundamentan en el silencio. Yo creo que debemos rescatarlas, con el respeto que merecen, para que todos podamos recuperar nuestra memoria colectiva.

 

 

© Dolors de Gual